En la fase de gateo o“fase terremoto”

El pie del bebé no tiene los huesos del pie formados. Sus huesos son blandos y flexibles, como el cartílago. Y el arco del pie no es todavía perceptible.

(7 meses)

Durante esta etapa necesita un calzado que promueva la experimentación motora y la adquisición de tono muscular y sensibilidad como si estuviera descalzo.

SENSACIÓN
PIES DESCALZOS

100% LIBERTAD DE MOVIMIENTOS
0% INTERFERENCIAS
Cierre de largo recorrido, para que sea más fácil de calzar.
Plantilla extraíble antibacteriana.
Piel 100% natural transpirable.
Suela muy ligera y flexible que cubre la puntera y el talón para proporcionar sujeción y facilitar su impulso.

En la fase de apoyo o“fase llego a todo”

La mayoría de los huesos del pie empiezan a endurecerse formando la estructura del pie adulto. Pero ¡cuidado!, todavía el pie no está completamente formado.

(10 meses)

Para fortalecer sus músculos y evitar que su pie pierda forma o se doble en exceso, el bebé necesita un calzado que le proteja sin oprimirle, con una suela ligera y flexible para que sienta por donde pisa.

100% SENSACIÓN
PIES DESCALZOS

0% INTERFERENCIAS
Piel 100% natural transpirable.
Refuerzo en la puntera y el talón para proporcionar protección a sus articulaciones y sin estabilizadores que interfieran en su equilibrio natural.
Suela muy ligera y flexible para que pueda sentir el suelo y ayudarle a conseguir la estabilidad lateral propia y el desarrollo del paso.
Plantilla absorbenteantibacterias

En la fase primeros pasos o“fase yo solito”

¡Sus pies no paran de crecer!. Pero todavía no están formados del todo. Por eso es muy importante que sus huesos se desarrollen de manera natural y evitar que se puedan torcer.

(12 meses)

Por esto, los cierres deben ser totalmente adaptables a la forma del pie. Para poder repartir correctamente el peso durante la marcha, su calzado necesita una plantilla anatómica y refuerzos de puntera y talón para ayudar al bebé cuando empiece a andar solito.

SENSACIÓN
PIES DESCALZOS

100% SEGURIDAD
0% DESEQUILIBRIO
Piel 100% natural transpirable.
Forro sin costuras.
Cierre de largo recorrido para que sea más fácil de calzar.
Plantilla absorbente antibacterias.
Suela de goma antideslizante y flexible.
Horma fisiológica. La única que contribuye al correcto desarrollo del pie.

CONSEJO
EXPERTO

Conoce los beneficios de usar un calzado fisiológico de calidad para tu bebé a través de nuestros expertos.

Hay que asear el pie con agua tibia y jabón neutro, secar cuidadosamente todo el pie, dorso y planta, y en especial el espacio entre dedo y dedo. Aunque sean muy pequeños, hay que evitar que el agua humedezca en exceso esta zona. No deben aplicar cremas hidratantes ni lociones en los pies, y hay que vigilar los cambios de coloración o de textura.

En caso de que emitan olor deben aumentar la frecuencia de lavado y utilizar calcetines de fibras naturales (algodón o hilo) y calzado de piel o textiles transpirables. En esas edades, no es recomendable el uso de sustancias desodorantes o secantes. Corte el extremo libre de la uña con una tijera, lo más recto posible, y en casos de acceso difícil, puede usar una lima de cartón en sustitución de la tijera.
Carolina Rosende.
Comisión calzado infantil.
Vicepresidenta de SEBIOR
Hay que destacar algunas características del calzado idóneo o calzado fisiológico- como se denomina en el ámbito podológico y de la salud-, que son comunes para todas las etapas del niño: materiales nobles, transpirables y/o material técnico de calidad, según las partes o componentes del calzado, horma fisiológica, buena sujeción al pie y estabilidad, prescindir de elementos correctores (ni en suela ni de otro tipo), flexibilidad en la zona correspondiente al antepié (delantera), suela con suficiente agarre y amortiguación, no excesivamente gruesa ni con drop, es decir - que no exista gran diferencia de altura entre la suela y el tacón-, con las mínimas costuras interiores, trasera estable con un contrafuerte bajo que no limite la movilidad articular del pie y del tobillo, y plantilla interior extraíble como recomendación. Por otro lado, el niño no debe de calzarse hasta el gateo y con un zapato específico. En estos primeros meses debe usar calcetines o patucos muy flexibles y livianos, con el único objetivo de protección de la piel y frente al frío.

Posteriormente, en fase pre-andante y gateo, debemos optar por un calzado ligero con puntera reforzada, muy flexible y que permita libre movimiento de las articulaciones del pie y del tobillo, muy amplio en la zona de los dedos, con un mínimo grosor de la suela, para favorecer la propiocepción, y sin costuras internas. A partir de la deambulación, primeros pasos, el calzado debe contener contrafuerte, sin prolongarse en sentido lateral ni comprometer la inserción del tendón de Aquiles, es decir contrafuerte bajo. Y contemplar siempre las características comunes antes comentadas.

A partir de que el niño adquiere una marcha independiente, y con cierta estabilidad, es cuando se podrían implementar determinados tratamientos ortopodológicos, como los soportes plantares (plantillas personalizas), para casos de patología o alteraciones podológicas de cierta gravedad, y en las que la atención temprana es determinante en la resolución del problema.

En estas edades, alrededor de los dos o tres años, es muy importante que el calzado contenga una plantilla extraíble y esté diseñado a partir de una horma fisiológica para poder implementar estos tratamientos sin necesidad de acudir al calzado ortopédico o a medida; cuyo uso, actualmente, está restringido a deformidades muy complejas y casos concretos. Por supuesto no es una opción acertada usar calzado del hermano mayor o de otro familiar.
José Manuel Castillo.
Presidente de SEBIOR
En los primeros pasos, es poco evaluable. Lo importante es mantenerse de pie, al principio con ayuda y después de forma independiente. Es una buena señal que el niño haya pasado por todas las etapas fisiológicas (normales) hasta la adquisición de la marcha: reptación, gateo, posición erguida, primero con ayuda y después independiente, marcha asistida y marcha.

Aunque es posible, y no es indicativo de ningún problema, que se salte alguna de estas fases. Sí es muy importante no usar elementos o ayudas que aceleren la adquisición de la deambulación (por ejemplo, tacatás o artilugios similares). El niño, en condiciones de normalidad, va a andar con cierta independencia entre los 12 y 18 meses, aunque en algunos casos se puede retrasar un poco.

Salvo la presencia de una deformidad clara, del pie o de las piernas, retraso considerable en la adquisición de la marcha o caídas frecuentes, no hay que alarmarse. Ante cualquier duda, siempre podrá consultar a su podólogo.
Salvador González.
Comisión calzado infantil.
Tesorero de SEBIOR
Los niños pequeños suelen presentar un aplanamiento fisiológico del arco plantar (hasta los 3-4 años), visual y en el propio apoyo o huella. Y la grasa plantar del pie condiciona un llamativo aspecto “aplanado” en los bebés.

Es más importante, en esta etapa temprana, fijarse en otras señales, entre ellas: cansancio al caminar, caídas frecuentes, deformidades del pie o de los dedos y desviaciones de los pies o en la marcha (volcar el pie o caminar hacia adentro o hacia fuera excesivamente).

Un aspecto de pie plano no se refiere, en ningún caso, a una planta invertida o convexa, esto es un signo probable de una patología congénita (que ya aparecen en el nacimiento), denominado pie plano convexo o astrágalo vertical. Ante cualquier duda consulte con su podólogo.
Piedad Trujillo.
Comisión calzado infantil.
Secretaria de SEBIOR
En bebés se deben usar calcetines o patucos, exclusivamente con función protectora. Calzado específico, en el periodo pre-andante (reptación y el gateo), no antes. Y en todo caso, con las características antes comentadas y lo más parecido a no llevar zapatos.

Para aprovechar toda la información (estímulos) que el niño recibe del entorno a través de sus pies; imprescindible para un adecuado desarrollo, tanto neurológico como del sistema músculo esquelético, y por ende para la adquisición de la marcha.

Calzado, en su concepto clásico, desde que el niño camina, y siempre adecuándose a las características, necesidades y funciones del pie en cada etapa de crecimiento.
Carolina Rosende.
Comisión calzado infantil.
Vicepresidenta de SEBIOR
El calzado infantil no debe incluir puente anatómico, o al menos prominente. Debe permitir que el pie se desarrolle, en su estructura y morfología, de manera natural y progresiva. El puente anatómico puede ser un estímulo útil para pies con determinados problemas, pero también contraproducente en otros casos.

Por ello, como norma, en el calzado infantil no se recomienda, aunque, como he comentado, depende de su grosor, forma y densidad. El término “anatómico” no parece muy correcto en este caso. El pie es una estructura en forma de bóveda que a partir de los 3 años debe empezar a ser evidente en la parte interna.

A medida que el niño crece, aumenta el arco interno y se forma el hueco del “puente”. Éste debe ya observarse con 5 años y debe estabilizarse sobre los 8-10.

Inmaculada Concepción Palomo.
Comisión calzado infantil SEBIOR
La plantilla extraíble es un interesante plus de calidad en el calzado infantil desde los primeros pasos. Como se ha comentado, a partir de los 2-3 años hay muchos niños que requieren del uso de tratamiento con soportes plantares (plantillas personalizadas), por lo que este elemento extraíble y con un determinado grosor (al menos 2 mm) permite el uso de estos tratamientos en el calzado seriado; siempre y cuando cumplan con las características de un calzado fisiológico o idóneo.
Piedad Trujillo.
Comisión calzado infantil.
Secretaria de SEBIOR
Fundamental e imprescindible, sobre todo en las primeras etapas del niño.

Porque los músculos pequeños del pie y el sistema del equilibrio maduran a medida que el pie y el tobillo se moviliza en todo su rango y recibe los estímulos del suelo, la suela y otros elementos del calzado y del medio exterior.

La fuerza muscular, que irá adquiriendo poco a poco, facilita la correcta formación de la bóveda planta, y una adecuada posición y alineación del talón.

Inmaculada Concepción Palomo.
Comisión calzado
infantil de SEBIOR
Es una horma que responde a las características morfológicas y funcionales del pie. Es decir, se ajusta con exactitud y tridimensionalmente al pie: largo, ancho y altura del pie; en cada estadio del desarrollo y crecimiento del niño.

Además, la horma adecuada debe respetar la alineación longitudinal del pie. En el calzado infantil, se deben evitar hormas curvadas hacia dentro, recurso que se usa en determinados zapatos a nivel estético, pero que puede condicionar, por roce o por presión, lesiones o deformidades de los dedos.

Tampoco son recomendables, en ningún caso, hormas invertidas (curva hacia afuera).
José Manuel Castillo.
Presidente de SEBIOR
Todos los ejercicios que estimulen la musculatura intrínseca del pie serán positivos para el correcto desarrollo del pie. Desde caricias o “cosquillas” en el bebé, caminar descalzo o sobre superficies seguras (arena, césped, suelos irregulares), hasta coger cosas como lápices o toallas con los dedos.
Desde los cuatro o cinco años y en pre adolescentes en adelante es siempre beneficioso la práctica de cualquier actividad deportiva, si es reglada y con la dirección de profesionales del ámbito deportivo mucho mejor.

En caso de patologías en los pies y con frecuencia de manera coadyuvante al tratamiento con plantillas personalizadas, es posible que su podólogo le recomiende una actividad deportiva concreta o ejercicios para potenciar o mejorar determinados grupos musculares.
Salvador González.
Comisión calzado infantil.
Tesorero de SEBIOR